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La Hoguera de 1970

La Hoguera de 1970

Quizás 1970 fuese un año como otro cualquiera; quizás nada o muy poco había alterado el normal discurrir de nuestras vidas en aquellos seis primeros meses ya vividos de un año pórtico de una nueva década.

Con el final de mayo alcanzamos ese tradicional estadio anual donde, en nuestro grupo de amigos, una fecha mágica y repleta de significado para todos alcanzaba auténtica carta de naturaleza: la noche de San Juan con sus hogueras. Era, por tanto, momento de iniciar los preparativos para la que, desde 1962, se había convertido en nuestra particular gran noche del año.

Como veníamos haciendo desde aquel ya lejano año de 1962, había llegado la hora de comenzar a planificar nuestra hoguera; a pensar en las argucias a poner en práctica a la hora de sustraer el elemento combustible necesario para la lumerada y al necesario acopio de los fondos precisos para adquirir toda clase de ingenios pirotécnicos que, junto al tradicional globo de papel, aderezaban cada año nuestra hoguera; una de las pocas que milagrosamente se habían salvado de desaparecer en la trágica “quema” habida en la mitad de la década de los 60 y que supuso la desaparición de una buena parte de las hogueras que se quemaban en nuestra zona, y en general en toda La Coruña, cada noche de San Juan.

Iniciadas las primeras reuniones nos dimos cuenta que, la recién estrenada mayoría de edad de una parte de nosotros exigía variar, en alguna medida el rumbo de lo que hasta aquel momento tan solo había sido un juego de niños y por ello, la primera medida adoptada fue darle cabida en el proyecto a las chiquillas que formaban parte de nuestras pandillas y que, por aquellos años, ya había empezado a forjar con nosotros los primeros idilios juveniles.

Tras largo debate, por el que desfilaron otras posibles denominaciones, llegamos a la conclusión que la figura de la “Meiga” era la que mejor se identificaba con la noche de San Juan en el imaginario popular y por tanto la que más se ajustaba a lo que buscábamos y de ahí surgió la denominación de Meiga Mayor, que ha llegado hasta nuestros días.

Con mucha prisa y con poca pausa, iniciamos los trámites para sacar adelante el nuevo proyecto; permisos, programación, presupuestos, contactos, etc.

En unos días se nombró a la I Meiga Mayor, Estrella Pardo Castiñeiras, y fue ella quien dio nombramiento a sus Meigas de Honor, Angeles Astray, Puri Arias, Maca González y Lourdes Castiñeiras.

Todo parecía ir sobre ruedas. La I Meiga Mayor, Estrella Pardo, y sus Meigas de Honor estaban nombradas; habíamos cerrado la contratación de una sesión de fuegos; habíamos ultimado la instalación de un escenario donde proclamar a las Meigas e incluso se habían confeccionado las Bandas que ellas lucirían sobre sus trajes.

Y por fin llegó el día esperando, el 23 de junio. Aquella mañana nos levantamos todo lo temprano que pudimos pues la noche anterior habíamos trasnochado, cerrando los últimos flecos previos a la gran noche de San Juan.

Pronto comenzaron los trabajos de instalación de la Hoguera en la calle ancha de Paseo de Ronda (hoy Calvo Sotelo) que quedó lista a media tarde.

Después, tras una interminable jornada llena de problemas y contratiempos que en más de una ocasión a punto estuvo de hacernos tirar la toalla y que gracias a la intercesión del Sr. San Juan logramos salvar casi “in extremis”, esperamos impacientes la llegada de la noche.

Las Meigas llegaron en coche a la plaza entre aplausos de la muchedumbre que la abarrotaba. Estrella vestida con un simpático disfraz de bruja, y Maca, Lourdes, Puri y Angeles con traje regional. La noche de San Juan estaba llegando a su cénit.

Luego, con más circunstancia que pompa, fueron proclamadas las primeras Meigas de la historia hogueril coruñesa, imponiéndoles las Bandas acreditativas. Después, el grupo “Aturuxo” puso la nota folclórica al acto, tras la que se disparó la vistosa sesión de fuegos artificiales, y finalmente, Estrella, encendió la traca que llevó el fuego a las entrañas de la hoguera que ardió por los cuatros costados.

Y con ello concluyó aquella primera gran noche de hogueras, a Noite da Queima. Sin saberlo estábamos comenzando a hacer historia.

Al día siguiente, tras agradecer a San Juan y a la Virgen los favores recibidos, dimos la fiesta por concluida, no sin antes ver, con emoción, como el Telediario de las tres de la tarde de TVE se hacía eco de nuestra primera Noite da Queima. Sin duda otro signo indicador de un prometedor futuro.

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