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LAS HOGUERAS-75

LAS HOGUERAS-75

La voz grave de aquel magnifico escritor da costa da norte, llamado Francisco de Ramón y Ballesteros, resonó, aquella tarde, víspera del día de San Juan de 1975, en el magnífico paraninfo del Instituto de Enseñanza, costeado a finales del siglo XIX por aquel mecenas coruñés llamado Eusebio Da Guarda, para decir que todos aquellos que eran observantes de la tradición sanjuanera, se disponían a celebrar la llegada del solsticio de verano con un ceremonial revestido de poesía, encantamiento, misterio e ingenuidad, puesto que en el fondo de sus almas seguían tolerando las creencias de fadas malas y buenas, de trasgos, fantasmas y mouros. Eso era precisamente lo que hacía aquella tarde de 23 de junio la Comisión de las Hogueras de San Juan, ofreciendo a La Coruña, rejuvenecidas, las bases de la vieja trama de la Noche de San Juan.

Minutos antes, el Fiscal Jefe de la Audiencia Territorial de La Coruña, Eduardo Mozón de Aragón había proclamado a la VI Meiga Mayor de las Hogueras de San Juan, María Teresa García Vila, una encantadora joven de dieciséis años de edad a quien acompañaban sus Meigas de Honor, Beatriz Valladares, María José Arrojo, María José Gromaz, Marisa López Pérez, Julia Seoane, Helena Villarquide, Mónica Míguez, Mar Rodríguez, Nieves Fernández y Cristina González, que escoltadas por soldados ataviados con uniformes de los Cuadrilleros de la Santa Hermandad del siglo XV, habían accedido al salón ante la atenta mirada de más de un centenar de personas que llenaban el precioso marco y de la Meiga Mayor Infantil Marta Cordonié, acompañada por sus Meigas de Honor Infantiles que ocupaban una de las primeras filas. Posteriormente el presidente de las Hogueras de San Juan, José Eugenio Fernández Barallobre, impuso al presidente de la Diputación provincial de La Coruña, Lino Rodríguez Madero, el cardo de Plata de las Hogueras, máxima distinción de la organización. 

Entre sonido de gaitas, música clásica, Teresa, que vestía un precioso vestido negro, en palabras del presidente de la Diputación, “para hacer bella la noche tenebrosa”, ocupó su lugar de preferencia para recibir tributo de flores, poemas y muchos aplausos que se rindieron a la belleza y juventud de las once muchachas coruñesas proclamadas como Meigas de la Noche de San Juan coruñesa. 

Un año más en el calendario aparecieron las fiestas de las Hogueras de San Juan y de nuevo la Comisión Promotora apostó por el teatro coruñés, incluyendo, durante varias jornadas de su programa, la actuación de diversos grupos teatrales.

El Colegio Cristo Rey de Baloncesto, se proclamaba vencedor del trofeo San Juan a los puntos en la Semana Deportiva de las Hogueras, que resultó un completo éxito, con una brillante clausura y que congregó en las pistas polideportivas de Riazor, durante dos semanas, a más de cuatrocientas alumnas de diversos colegios públicos y privados de la ciudad. De nuevo el cine de terror tuvo su espacio en el programa sanjuanero con la exhibición en el salón de actos de la Jefatura Provincial del Movimiento de las películas “La leyenda de la mansión del infierno”, “Drácula príncipe de las tinieblas”, “El doctor Jekyll y el hombre lobo”, “El otro” y “Pánico en el Transiberiano”.

La Meiga Mayor Infantil, Marta Laredo era proclamada junto a sus Meigas de honor Infantiles, Isabel García Vila, Maike Bonet Fernández, Marisa Bonet Fernández, Esmeralda Laredo Cordonié, Eva García Cordonié y Ana Navarro, en el transcurso de una fiesta celebrada en el salón de actos del colegio de la Compañía de María. La propia Marta Laredo, acompañada por miembros de la Comisión organizativa, visitaría a los niños acogidos en la Casa Cuna a los que repartiría números juguetes. 

Uno de los montajes más ambiciosos de toda la historia de las hogueras, fue el realizado en ese año, para rememorar lo acontecido un 26 de abril de 1520, cuando el Emperador Carlos I, reunió Cortes en nuestra ciudad a fin de conseguir fondos para proclamarse Emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico. La vieja iglesia de San Francisco fue mudo testigo de aquella histórica jornada para España y para la ciudad de La Coruña.

En los años sesenta por disposición municipal y de bellas artes, la primitiva Iglesia, emplazada al lado de la Venerable Orden Tercera y de la Jefatura de Artillería, hoy Museo Militar, comenzó a ser trasladada piedra a piedra hasta el lugar de Los Puentes, en pleno distrito cuarto y a tiro de piedra de la calle de Fernando Macías, lugar donde en 1962 nacieron, las Hogueras de San Juan. 

En enero de 1975, en una de aquellas inolvidables reuniones celebradas en la cafetería Hyltom, el presidente de las Hogueras presentó a la directiva un proyecto para escenificar las Cortes de 1520 en la Iglesia de San Francisco. La labor fue ardua y dificultosa. Se recabó una amplia información de cómo se habían desarrollado aquellas históricas sesiones al archivo nacional de Simancas. La Diputación provincial de La Coruña, que presidía Lino Rodríguez Madero, decidió apoyar el proyecto como patrocinador, pues la puesta en escena de la página histórica requería vestuario, iluminación y decorados.

El recordado Pepe Redondo, que en aquellos momentos conducía el grupo teatral Tespis, corrió con la dirección escénica. La coordinación histórica la llevó a efecto, otro magnífico colaborador de aquellos primeros años de la comisión de Hogueras, el director del archivo histórico del reino de Galicia, Antonio Gil Merino. 

La Iglesia se adecuó al ambiente que rodeó la celebración de aquellas cortes. Sillas castellanas, lanzas, mazas y de fondo el sobrio altar presidido por una imagen de San Francisco. Se confeccionaron, para la ocasión, dos enormes pendones con los cuarteles del escudo imperial de Carlos I.

Carlos Beceiro, el recordado locutor de Radio Juventud se encargó, con aquella voz inconfundible, de presentar la velada, corriendo la explicación del proceso de constitución de aquellas cortes coruñesas a cargo del eminente archivero Antonio Gil Merino. La entrada nominal de todos los procuradores, la llegada del Rey, la apertura de las sesiones y los discursos de varios de ellos fueron escenificados de forma notoria por los diferentes actores. Alrededor de cien figurantes tomaron parte en la puesta en escena para dar vida al Rey Carlos I, sus procuradores, soldados, heraldos y pajes. 

La sastrería madrileña Izquierdo, remitió para la ocasión un excelente vestuario. Una extraordinaria iluminación de la Iglesia y el apropiado fondo musical con cantatas renacentistas españolas, parecieron por un momento, trasladarnos en el tiempo, sobre todo con la formidable escenificación de la llegada del Rey, vencedor de franceses, turcos y protestantes. Entre picas y antorchas con las dobles águilas en sus estandartes, emocionaron a cientos de coruñeses que llenaron, aquella noche del 22 de junio de 1975, la Iglesia de San Francisco.

La presencia del presidente de la Diputación, Lino Rodríguez Madero, acompañado por su vicepresidente, José Luis Mariño Cea, el entrañable “Chicho Balilla” y también los apreciados y queridos. Pepe Peña y Juan José Laredo, concejales del Excmo. Ayuntamiento, realzó el acto, adornado más si cabe, con la belleza de Teresa García Vila, sexta Meiga Mayor, acompañada por todas sus Meigas de honor, que tampoco quisieron perderse aquella genuina representación teatral. 

Volviendo la vista de nuevo a aquella noche del 23 de junio, una vez finalizada la Fiesta del Aquelarre, la comisión ofreció un vino de honor a las Meigas, autoridades e invitados, que se celebró en el patio de las Escuelas Da Guarda. Allí la Meiga Mayor, Teresa, ligeramente ruborizada, pero con una amplia sonrisa, solicitó de los invitados su colaboración económica pues el presupuesto se había quedado corto. Al son de las gaitas las Meigas de Honor, las infantiles y los miembros de la comisión se marcaban una muñeira en toda regla. 

Hacia las once y cuarto de la noche dio comienzo la cabalgata San Juan 75 que, un año más, desembocó en unas atestadas plazas de Calvo Sotelo y Portugal. Desde las escaleras del colegio de la Compañía de María, Teresa intentó prender la mecha de la traca que iba a encender la hoguera de aquel año pero que curiosamente se quemó al revés pues ardió primero la hoguera que la traca que debía prenderla. La elevación del tradicional globo y una magnifica sesión de fuegos quemada por la pirotecnia Rocha de Soñeiro, que tiñó de luces de colores el limpio y estrellado cielo coruñés, puso cierre a una ancestral cita, una noche enigmática, la de San Juan, con recuerdos dormidos del pasado.

Mientras en la explanada de Riazor. donde estaba instalado el recinto ferial, tenía lugar una animada verbena que se prolongó hasta bien entrada la madrugada. Teresa había extendido su soberana presencia de Meiga “buena y agarimosa”, en un año crucial que quedaría marcado de forma indeleble para siempre en la historia de nuestra España. 

Calin Fernández Barallobre

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