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Un Simposio de Brujería fallido

Un Simposio de Brujería fallido

Corría el año de gracia de 1977 cuando, contagiados por una corriente que estaba haciendo furor en toda España, se nos ocurrió la idea de tratar de programar, dentro de un ciclo que denominamos “Jornadas de estudios 77”, una especie de simposio de “brujería y estudios de las costumbres” por creer que este mundo de lo oculto está íntimamente ligado a la trama sanjuanera.

La idea, que resultó muy interesante desde el principio, fue aprobada por la Junta Directiva de la Comisión Promotora tras lo cual nos pusimos de inmediato a mover nuestros contactos para tratar de dar forma al proyecto.

En esencia no dejaba de ser un ciclo de conferencias sobre temas brujeriles para el que queríamos contar con las primeras figuras de la especialidad habidas en España.

Por aquellos años, la Comisión, estaba muy vinculada al inolvidable Carlos Alonso del Real, eminentísimo y sapientísimo historiador y Catedrático de prehistoria en la Universidad compostelana, quien ya había concurrido a La Coruña a ofrecer sus doctas conferencias dentro de las Semanas Culturales de nuestro programa; por todo ello y conocedores de que Alonso de Real era una eminencia, también en el tema de la historia de la brujería en España, contactamos con él para conocer su opinión sobre las personalidades que deberíamos invitar a nuestro ciclo.

Carlos Alonso del Real, de verbo fácil y ocurrente, con el que pasamos inolvidables veladas cenando aquellos recordados platos combinados, ya que la economía no daba para más, en el desaparecido Manhatan de Rubine, nos apuntó como posibles conferenciantes a Carmelo Lisón Tolosana, eminente antropólogo; Florencio Idoate, archivero del Reino de Navarra; Julio Caro Baroja, tal vez la figura más versada en estos temas, y, por supuesto, él mismo que de muy buen grado aceptó nuestra invitación, constituyéndose en el cuarto de los ponentes.

Como es fácil imaginar estamos hablando de primeras figuras, no solo a nivel nacional sino también internacional, las propuestas por Alonso del Real para darse cita en la Coruña, lo que supondría un éxito sin precedentes para nuestra Comisión, acostumbrada de todas formas a contar con primeras figuras en aquellos años iniciales de nuestro devenir sanjuanero.

Otro de los pasos que dimos antes de seguir adelante fue el de bautizar debidamente el ciclo con el fin de que su nombre resultase por si mismo suficientemente atractivo, finalmente quedamos de acuerdo en que su denominación sería “Jornadas de Estudios-77: brujología y costumbres”. En cuanto a sus fechas de celebración las fijamos los días 24, 25, 26 y 27 de junio, en horario de ocho de la tarde.

También comenzamos a darle vueltas al marco más idóneo para celebrar las sesiones. Guardábamos un grato recuerdo del magnífico salón de actos que poseía la Casa de la Cultura, sita por aquel entonces en el Jardín de San Carlos, de la que era director nuestro buen amigo Gil Merino y que ya nos había cedido para las conferencias organizadas en las primeras Semanas Culturales de los programas de HOGUERAS.

Por supuesto, Gil Merino, accedió a nuestra solicitud, animándonos a continuar en la línea de trabajo que nos habíamos marcado desde los inicios de nuestra andadura y de la que él era testigo de excepción, amén de destacado asesor.

Inmediatamente con todo cerrado cursamos las invitaciones a los conferenciantes, avaladas por el propio Alonso del Real de quien ya teníamos confirmada su presencia; tan solo restaba, pues, confirmar la de los otros tres y caso de fallar alguno de ellos buscarle rápidamente sustituto.

A vuelta de correo, Julio Caro Baroja, se disculpó alegando que en esas mismas fechas se encontraría fuera de España, en tanto que los otros dos aceptaron gustosos la invitación, comprometiendo sus asistencia.

Habíamos logrado concertar una buena terna, el cuarto de los conferenciantes podríamos tratar de encontrarlo en nuestra ciudad o por medio de Carlos Alonso del Real, por tanto aquel apartado dejó, en principio, de preocuparnos.

Como quiera que se hacía necesario buscar un hotel de alojamiento para tan ilustres visitantes, nos pusimos en contacto con Tomás Tarilonte, director del Hotel Riazor, a quien le rogamos hiciese las pertinentes reservas para los invitados a las Jornadas.

Los días fueron pasando. En nuestra flamante primera revista-programa, dentro del apartado de “Actos culturales” hicimos constar el programa de las Jornadas si bien, a falta del cuarto ponente, omitimos, en principio, los nombres de los conferenciantes, así como el título de las conferencias a impartir por cada uno de ellos.

Ya con el programa en la calle y a falta de unos días para iniciar el ambicioso programa de las HOGUERAS-77 se presentaron una serie de problemas económicos – no podían ser de otro tipo – que aconsejaron un drástico recorte en todo lo proyectado. Consecuente con este recorte se decidió suspender el nombramiento de la V Meiga Mayor Infantil, cuya figura iba a ser recuperada tras haber desaparecido el año anterior, y, como no, anular las “Jornadas de Estudios-77”, con lo que se iba al traste nuestro simposio de brujería.

Por vía postal se comunicó, de inmediato a los ponentes, que muy a nuestro pesar y por razones de índole diverso nos habíamos visto obligados a suspender la actividad aun a sabiendas de la considerable merma de credibilidad que tal decisión suponía.

Hecho esto, los preparativos de las HOGUERAS prosiguieron su marcha cara al mes de junio que estaba ya a la vuelta de la esquina y con él, el inicio de las actividades.

Llegado el momento, como se pudo, sacamos adelante el programa de la VI Semana Deportiva en la que se disputaron un total de treinta y ocho encuentros en diferentes modalidades; igualmente comenzaron a proyectarse las películas de la que sería la última Semana de Cine, mientras que el resto del programa fue puesto en cuarentena.

Hay que tener en cuenta que aquel ambicioso programa de 1977 incluía una batalla de flores; la denominada fiesta de llegada del verano con la elección de la Sirena-77 y nada más y nada menos que cuatro verbenas populares a celebrar en el recinto ferial donde se instalaban, cada año, toda suerte de carruseles, casetas de tiro, ruedas de caballitos, coches de choque, etc. y, por supuesto, un denso programa de actividades culturales y sociales.

En los últimos días, los previos al 23 de junio, los problemas económicos alcanzaron niveles auténticamente dramáticos; los responsables de finanzas de la Comisión se lo hicieron ver así al pleno de la Directiva ya que no había disponibilidades para hacer frente a los cuantiosos gastos que generaba la jornada del 23 de junio.

Estos problemas se habían originado el año anterior cuando el entonces Concejal Gila Ferreiro se negó en redondo a permitirnos instalar, como venia siendo tradicional, las atracciones de feria en la explanada anterior al Palacio de los Deportes lo que constituía nuestra principal fuente de financiación.

En aquella ocasión este Concejal argumentó que como consecuencia de la inmediata presencia en nuestra ciudad del espectáculo internacional “Holiday on Ice”, que abriría sus puertas en el Palacio Municipal de Deportes, en dicha explanada se iba a instalar toda la infraestructura de este espectáculo que necesitaba gran cantidad de espacio por lo complejo de la maquinaria que se utilizaba para el montaje. Finalmente, tan solo se instaló un remolque para fabricar hielo quedando la inmensa mayoría de la explanada libre de cualquier ocupación por lo que dedujimos que aquello no dejaba de ser un capricho del Concejal Gila.

Todo ello nos obligó, pese a las gestiones y ruegos que hicimos, a cancelar nuestros compromisos con los feriantes quienes, casi a fondo perdido, nos aportaron cierta cantidad de dinero – con la que sacamos adelante las HOGUERAS-76 – a cuenta de una posible instalación de sus atracciones precisamente en este años de 1977 que nos ocupa y que finalmente si pudieron ser instaladas en una zona de la plaza de Portugal que durante los años siguientes se convirtió en el lugar de ubicación de estas atracciones.

Para más abundamiento en la problemática económica, aquel año, el Ayuntamiento nos aportó una cantidad sensiblemente inferior ya que las disponibilidades para el capítulo de fiestas eran menores por problemas internos dentro de la Corporación de los que no me corresponde a mi hablar.

Con tan poca halagüeña perspectiva nos vimos en la penosa obligación de solicitar a los padres de las Meigas un donativo que todos ellos entregaron en sobre cerrado, sin remite, con lo que paliamos, en alguna medida, nuestra difícil situación.

Así nos presentamos aquellas vísperas del 23 de junio, día grande, como siempre de las HOGUERAS.

No hay que olvidar que esta jornada, la central de todo el programa, incluía la Santa Misa Ofrenda a San Juan que se oficiaba al mediodía del citado 23, con su Comitiva previa de las Meigas; por la tarde se celebraba, en el Paraninfo del Instituto Eusebio da Guarda, la Fiesta del Aquelarre Poético, acto de proclamación de la Meiga Mayor y sus Meigas de Honor; alrededor de las once de la noche partía de la Plaza de Pontevedra la Cabalgata de San Juan que trasladaba a las Meigas a la Avda. de Calvo Sotelo, frente al Colegio de la Compañía de María, donde se hallaba dispuesta la gran Hoguera para ser quemada. Previamente se disparaba, desde la propia avenida, una importante sesión de fuegos artificiales, tras lo cual la Meiga Mayor – aquel año había sido nombrada Isabel Ruso de Lago – prendía la mecha de la traca que encendía la Hoguera. Una vez la Hoguera hubiese perdido intensidad proseguía, en la Plaza de Portugal, la Verbena de San Juan iniciada a las once de la noche. En resumen, una jornada muy apretada en lo que a programa se refiere y muy costosa en lo económico ya que se llevaba la mayor parte del presupuesto de cada ejercicio.

Fue en la mañana del 22 cuando la situación económica alcanzó su mayor nivel de crisis. Prácticamente nos habíamos quedado sin recursos para hacer frente a lo que se avecinaba la noche siguiente: sesión de fuegos, verbena, banda de música o gaitas para acompañar a la Cabalgata, alquiler de los carros del país para trasladar a las Meigas, etc.; pagos, la mayoría de ellos, que teníamos que afrontar aquella misma noche.

Así las cosas, a primera hora de la mañana, convocamos una reunión urgente de la Junta Directiva que, a falta de otro local, la celebramos en el salón de casa de mis padres. Allí estábamos devanándonos los sesos para tratar de sacar adelante lo que se pudiese de aquella noche de San Juan 77, aun cuando la mayor parte de los presentes abogaban por la drástica solución de suspender todos los actos y no celebrar a Noite da Queima salvo, claro está, la tradicional quema de la Hoguera.

Recuerdo perfectamente la situación. Sentados en los sofás del salón, tapizados en un elegante raso verde claro, con nuestros rostros abatidos y con la moral por los suelos, íbamos a empezar la votación final para dilucidar si finalmente llevaríamos adelante lo que restaba del programa. En aquella tesitura sonó el timbre de la puerta de casa de mis padres y, para no sustraerme al debate en el que estábamos inmersos, pedí a José Mª Romero, un compañero de la Junta Directiva, que abriese la puerta.

Así lo hizo. A los pocos segundos regresó indicándome que se trataba de alguien que, portando una maleta, al parecer, venía a dar una conferencia en nuestro fallido simposio de brujería. Quedamos atónitos, nos miramos sin saber que decirnos. Corrí a la puerta y allí estaba Florencio Idoate, el archivero del Reino de Navarra, que no había recibido la comunicación de la supresión de nuestras Jornadas, motivo por el cual había arribado a la ciudad en la fecha prevista con el fin de pronunciar su conferencia programada para el día 24.

Como pudimos reaccionamos y tras darle todas las explicaciones posibles, supongo que no las suficientes, lo acompañamos al hotel Riazor donde quedó alojado a la vez que, al menos en su honor, tomamos la decisión de seguir adelante con la noche de San Juan 77 y que fuese lo que Dios y el Santo precursor quisiesen.

Aquella jornada y la siguiente, Florencio Idoate, fue nuestro invitado. Imagino que su buena educación nos evitó tener que aguantar el chaparrón al que nos habíamos hecho acreedores por nuestra falta de diligencia ya que nunca quedó claro si realmente la comunicación de la cancelación de su conferencia salió, en tiempo y forma, para Pamplona.

Tanto aquel día como el siguiente, ejercimos de anfitriones de nuestro invitado. Nos acompañó a comer – eso sí, un plato combinado y sin postre pues la cosa no daba para más -; lo invitamos a vivir con nosotros la mañana y la tarde del 23 de junio y por supuesto asistió a la multitudinaria celebración de a Noite da Queima y aun estuvo con nosotros a lo largo de la jornada del día de San Juan.

En la mañana del 25 hizo la maleta y abandonó el hotel, dando así por zanjada su presencia en nuestra ciudad, sin jamás hacernos el mínimo reproche. Ahora que lo pienso y recupero estos hechos en mi memoria, estoy seguro que a ninguno se nos ocurrió siquiera preguntarle el importe de su desplazamiento a La Coruña y mucho menos si su asistencia al simposio generaba algún coste económico.

Sea como fuere, lo cierto es que gracias a la presencia providencial de aquel magnífico erudito, del que guardamos un grato recuerdo, se salvó, in extremis, la noche de San Juan de las HOGUERAS-77, aunque, eso si, el simposio de brujería resultó fallido.

Eugenio Fernández Barallobre.

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