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PREGÓN DE LAS HOGUERAS 2019

PREGÓN DE LAS HOGUERAS 2019

¡Llévame contigo Meiga, maga amiga de mis sueños, a la noche aguamarina del San Juan de mis recuerdos!
¡Que suenen clarines!, ¡que redoblen atabales!, vamos a pregonar, por calles y plazas, por todos los rincones de nuestra hermosa Marineda, que la mágica noche de San Juan está a volver.
Levantemos juntos su invisible telón y dejemos que ese penetrante aroma a sardinas asadas y madera quemada que envuelve la ciudad, en el atardecer del 23 de junio, ciñendo sus esquinas, como su amante eterno, impregne nuestras almas en esta tarde de Hogueras.
Srta. 50 Meiga Mayor, Autoridades y representaciones, Meigas de Honor, Meiga Mayor Infantil y Meigas de Honor Infantiles, damas y caballeros, mi respetuoso saludo como pregonero de esta Fiesta del Aquelarre Poético, de estas HOGUERAS-2019, las del año de las 50 Meigas en la historia.
En esta tarde de Aquelarre de Meigas buenas y agarimosas, en esta tarde de Hogueras, deseo que mis primeras palabras sean de agradecimiento a la Presidente de la Asociación de Meigas y a su Junta Directiva, por haberme confiado la grata y emotiva tarea de pregonar esta Fiesta del Aquelarre Poético y, por tanto, las HOGUERAS-2019, en este mágico año en que celebramos el 50 aniversario de la Meiga Mayor.
Un aniversario que posee un especial significado para mí que llevo cincuenta años de mi vida, rodeado de Meigas, hasta el punto estar casado con una de ellas.
¡Noche de San Juan bendita, noche de cantos y amores, a la ilusión amplia puerta! ¡Llévame contigo Meiga, maga amiga de mis sueños, a la noche aguamarina del San Juan de mis recuerdos!
Querida Emma, 50 Meiga Mayor, quiero que te conviertas en mi confesonario para hablar con los luceros que iluminan la eterna noche sanjuanera, tú que eres depositaria de una de las más hermosas tradiciones, una de esas en las que va impreso el mapa genético de España, su alma. Llévame de tu mano, a ese mágico y morriñoso universo de nostálgicas evocaciones.
Déjame que te hable al oído, casi susurrando, de noches de San Juan eternas, a la luz del mágico fuego solsticial; de danzas primas, lazados de la mano, alrededor de la hoguera, de sueños de viejo pirómano sanjuanero.
Quiero sumergirme en el maravilloso mundo de los recuerdos y recuperar, aunque sea como postales en sepia, aquellos ilusionantes primeros años de nuestra larga andadura; aquellos años de dudas existenciales y de titubeos juveniles, todavía con las marcas del acné en el rostro, en los que jugábamos a ser hombres sin serlo todavía.
Recuerdos compartidos con aquellos otros que, en un lejano 1970, comenzaron a trabajar con el afán de recuperar para La Coruña la fiesta más mágica y con más encanto de cuantas se celebran en nuestra querida ciudad: la noche de San Juan.
Algunos de ellos, incluso nuestra I Meiga Mayor, al igual que la I Meiga Mayor Infantil, no están ya con nosotros, aunque estoy seguro de que, allá donde estén, tal vez en las estrellas, evocarán, ahora conmigo, aquellos mágicos instantes en los que dimos vida a un personaje, la Meiga Mayor, que, a la postre, se convirtió en el revulsivo capaz de provocar que la noche de San Juan coruñesa, nuestra Noite da Queima, alcanzase cotas jamás imaginadas.
Dos nombres, noche de San Juan y Meiga Mayor que, desde aquel ya lejano 1970, van unidos de forma indisoluble, formando un todo compacto, inseparable, pese a que algunos hayan tratado de separarlos, malintencionadamente, a lo largo de los cuatro últimos años.
En aquel año, a caballo de la década de los 60 que comenzaba a ser un recuerdo, llevándose consigo nuestras incipientes declaraciones de primer amor a la mágica chiquilla, a cuyo paso nuestro rostro enrojecía y los ojos nos hacían chiribitas, y la de los 70 en la que ya adivinábamos que nuestras vidas iban a dar un giro radical, la noche de San Juan coruñesa, pasaba prácticamente inadvertida, habiendo perdido el esplendor del que gozara años atrás.
Hay quien puede creer que esa explosión jubilosa, esa especie de catarsis colectiva, convertida en sinfonía en fuego mayor, que vive y entona la ciudad entera llegada la noche del 23 de junio, es algo consustancial a La Coruña y que así ha sido desde siempre. Sin embargo, quien así piense, está totalmente equivocado.
Incluso, alguno pensará que esa mágica postal que forman cientos de hogueras quemándose en las playas, proyectando sus fantasmales lenguas sobre la mar atlántica, teniendo como testigo el ojo luminoso del gran cíclope, es una vieja costumbre coruñesa que arranca de muchos años atrás. Cuan alejados están de la realidad.
Por aquel final de los años 60, la tradición de la noche de San Juan iba quedando constreñida a los, cada vez menos, espacios urbanos donde se permitía quemar lumeradas. Poco a poco, las grandes hogueras que ardían por toda la ciudad a principios de aquella década, que se moría sin indulgencia, eran ya historia y la vieja costumbre del fuego sanjuanero iba, lentamente, quedando sumida en la nebulosa de los recuerdos.
Los estiramientos de la ciudad, el asfaltado de sus calles, las cortapisas administrativas y la falta del necesario relevo generacional, habían provocado que, entre 1963 y 1969, desapareciesen, como por arte de magia, muchas de las hogueras que se quemaban, hasta ese momento, en diferentes lugares de La Coruña.
Fue entonces, en aquel preciso instante, hace cincuenta años, cuando, en medio de esa desoladora estampa que ofrecía el San Juan coruñés, comienza nuestra historia.
Fue una tarde de primavera, la estación de amor; una tarde de principios de mayo de aquel 1970, incluso puede que tal día como hoy. Una tarde en la que, una parte del grupo de amigos que, año tras año, organizábamos la Hoguera de la calle de Fernando Macías y alrededores, nos reunimos para comenzar a preparar nuestra noche de San Juan de aquel año.
En principio, todo apuntaba a que iba a ser una más como otra cualquiera. Con nuestra Hoguera, hecha a modo tradicional, amontonando maderos y trastos viejos; los primeros, hurtados en mil y una obras en construcción, tras sortear la atenta y redoblada guardia de sus vigilantes; y, los segundos, envueltos en gruesas capas de polvo, extraídos de los más recónditos trasteros; junto a ello, nuestra oferta pirotécnica que llevábamos años mejorando, merced al aporte, cada vez más generoso, de nuestros convecinos; la singular elevación del globo de papel a los cielos coruñeses, algo intrínseco a nuestra oferta sanjuanera desde sus orígenes, y… poco más. En definitiva, la forma que teníamos, desde 1962, de mantener viva la tradición de las Hogueras de la noche del alto junio.
Tal vez, aquella tarde, empezamos a darnos cuenta de que nuestra edad estaba comenzando a pasar. Con nuestros 18 años recién cumplidos, habíamos empezado a descubrir, algunos de forma menos tímida que otros, que además de nuestros estudios; de nuestros interminables partidos de fútbol; de nuestro peregrinar alrededor de la manzana de la calle, hablando de lo divino y de lo humano; de nuestros campamentos juveniles; incluso más allá de nuestra lumerada sanjuanera; había algo más, unas chiquillas, vestidas con uniforme colegial que se estaban convirtiendo en las depositarias de nuestros desvelos y las responsables de muchas noches en vela, soñando despiertos con el ansiado “si” que tanto deseábamos y que, a veces, se hacía el remolón.
Tácitamente, mirándonos a los ojos unos a otros, aquel atardecer de mayo, comprendimos que cualquier empresa que emprendiésemos, cualquier aventura en la que nos embarcásemos a partir de aquel momento, forzosamente, las tendría que tener a ellas de coprotagonistas.
Y así fue. Allí mismo, aquella tarde, comenzamos a pergeñar la forma en que aquellas chiquillas del uniforme colegial iban a unirse a nuestra empresa, lo que, a la postre, provocaría que todos nos embarcásemos en la aventura.
Sabíamos, que para captar su atención sería necesario algo más que ofrecerles un puesto en nuestras correrías en demanda de madera y trastos viejos; era preciso buscar otro modo de hacer efectiva su participación y así surgió, como de la nada, nuestra bruja buena a la que, aquella misma tarde, bautizamos con el nombre de “Meiga Mayor”, evocando la estrecha relación que une la noche de San Juan, en el imaginario popular gallego, con la figura de las Meigas, especialmente las buenas, pues habelas hailas, y vosotras, niñas, sois el mejor ejemplo.
Después, se sucedieron las reuniones y los debates. Había que darle forma al proyecto y, por descontado, nombrar a la I Meiga Mayor para que ella, a su vez, nombrase a sus Meigas de Honor.
Tras darle varias vueltas, tomamos la decisión de nombrar a Estrella Pardo Castiñeiras, una coruñesa de dieciséis años, correspondiéndome a mí el honor de hacérselo saber, un atardecer de principios del mes de San Juan, en la puerta de su casa del Paseo de los Puentes.
El nombramiento lo recibió emocionada y tras las pertinentes consultas paternas, nos confirmó su aceptación y, de esta forma, escribió con letras de oro su nombre como el primero en la lista de Meigas coruñesas, que lo han sido a lo largo de estos cincuenta años.
Como pudimos, con muy pocos medios y mucha ilusión, proclamamos, la noche del 23 de junio, a aquellas osadas y audaces primeras Meigas, la Meiga Mayor y las Meigas de Honor de 1970, capaces de embarcarse en una aventura que, a priori, se antojaba con un final incierto.
Luego, vino todo lo demás. Tras aquella inolvidable primera Noite da Queima, cuajada de imprevistos y de mil problemas de última hora, que, merced a nuestro tesón y audacia, fuimos capaces de sortear y cuyo relato queda para mejor ocasión, surgieron nuevos e ilusionantes proyectos.
Aquel verano de 1970, concluida ya la noche de San Juan, nació el Club Juvenil Meiga Mayor que, al año siguiente, dio paso a la creación de la Comisión Promotora de las Hogueras de San Juan, responsable, hasta 2015, de la organización de las HOGUERAS.
Fueron años apasionantes en los que, poco a poco, nos fuimos haciendo un hueco en la vida social y festiva coruñesa, merced al apoyo que nos prestaron, desde los primeros instantes, las Autoridades civiles y militares, así como las Instituciones y entidades de la ciudad y nuestra oferta sanjuanera fue ganando enteros a pasos agigantados, llenando hasta reventar la plaza de Portugal y alrededores, para ver quemar nuestra Hoguera, al lado de nuestras Meigas, llegada la noche del 23 de junio.
Desde el principio pensamos que, si deseábamos que la fiesta de las Hogueras se popularizase, sería necesario contagiar a la ciudad de un sentimiento sanjuanero que se había ido perdiendo con el paso de los años.
Y así, nacieron actos de tanta significación en nuestro programa como esta Fiesta del Aquelarre Poético, la Cabalgata de San Juan, la Festa da Danza das Meigas, los actos culturales, deportivos y sociales, etc. Un amplio y variado programa de actos que, prolongándose a lo largo de parte de mayo y todo el mes de junio, siempre ha tenido como finalidad ir preparando, paulatinamente, a la ciudad para la gran noche de San Juan.
Estructuramos la fiesta, fijando un calendario anual que, año tras año, se fue repitiendo, girando siempre en torno a la simbiosis de la noche de San Juan y la figura de la Meiga Mayor, la bruja buena, su protagonista por excelencia, en la que confluyen, como es tu caso querida Emma, todos los valores y tradiciones que atesora la noche de los grandes aconteceres.
Fueron años en los que pusimos en juego todas nuestras dotes de organizadores, nuestra imaginación y nuestro trabajo y siempre al lado de nuestras Meigas, piezas fundamentales en el devenir histórico de la fiesta, hasta el punto de poder asegurar, sin temor a equivocarme, que, de no haber sido por ellas, por vosotras, la fiesta de San Juan ni sería como la conocemos y, mucho menos, nos encontraríamos hoy aquí todos reunidos en esta nueva edición del Aquelarre Poético.
Hace no mucho tiempo, alguien, con muy mala fe y total desconocimiento de la realidad, tildó a nuestras Meigas de “mujeres florero”. ¡Que poco sabe quien pronunció tan desafortunada frase de la historia de las Hogueras coruñesas!
Desde el primer día, desde la creación de aquel Club Juvenil Meiga Mayor, en el verano de 1970, ellas ocuparon puestos de preeminencia y responsabilidad en nuestra orgánica asociativa.
Hubo Presidentas, Vicepresidentas, Secretarios Generales, Tesoreros, Vocales… Programaron cada una de las ediciones de HOGUERAS; ejercieron de delegadas en los diferentes actos, representando a la organización; cubrieron mesa en la Semana Deportiva; subieron, piso por piso, por nuestras calles pidiendo la colaboración económica de los vecinos; llegaron a transportar madera para quemar la noche del 23 de junio; buscaron publicidad para nuestra revista; se reunieron con Autoridades y empresarios en demanda de su colaboración económica; representaron a nuestra Comisión incluso fuera de la ciudad; en resumen, hicieron de todo, convirtiéndose en el alma mater de la organización, y, encima, todavía les quedó tiempo para vestirse de Mantilla, de traje regional o de vestido de fiesta para presidir los actos más relevantes de nuestro programa. Poco tienen, me parece a mí, de mujeres florero.
Con el paso de los años, la figura de la Meiga Mayor fue granjeándose la simpatía y admiración de la ciudad y de los coruñeses. Ya en 1971, tomamos la decisión de que la joven que fuese nombrada Meiga Mayor no tendría necesariamente que vivir en nuestra zona, la calle de Fernando Macías y alrededores, ya que, si deseábamos que la figura se convirtiese en un paradigma capaz de contagiar a toda la ciudad, sería necesario trasladar su nombramiento a cualquier zona de La Coruña.
De esta suerte, a lo largo de estos cincuenta años Riazor, Ventorrillo, la Torre, Sagrada Familia, Los Mallos, Castrillón, Ciudad Vieja, Pescadería, Ensanche, Santa Lucía, Monelos, Monte Alto, Zapateira, Cuatro Caminos, etc., en definitiva, todos los barrios y zonas de nuestra querida Marineda, vieron salir de sus calles a Meigas Mayores y de Honor, lo que contribuyó a popularizar tan entrañable figura.
Tampoco se tuvo en cuenta jamás, como propalaron algunas maliciosas lenguas, lo grueso o flaco de las carteras de los papás y mamás de turno, ni su estatus social. Hubo hijas de funcionarios, de taxistas, de empleados de comercio, de bancarios, de industriales, de militares, de policías, de empresarios, de profesionales liberales, de camioneros, de mecánicos…
En igual medida, nunca, en la elección de la Meiga Mayor, tanto cuando era de forma directa o como es ahora, por medio de un jurado femenino, ajeno a la organización, se buscó elegir el estereotipo de una miss; siempre tratamos de encontrar, y lo logramos, coruñesas normales, jóvenes de su tiempo, con inquietudes y, sobre todo, con la voluntad de vivir un San Juan diferente y de convertirse en depositarias de una tradición hermosa y milenaria.
¡Llévame contigo Meiga, maga amiga de mis sueños, a la noche aguamarina del San Juan de mis recuerdos!
Con el paso de los años, la fiesta continuó afianzándose. Recuperamos la figura de la Meiga Mayor Infantil, desaparecida en 1975 y vuelta a crear en 1988, diseñando para ella la Fiesta del Solsticio Poético. Publicamos trabajos sobre las tradiciones asociadas a la noche del alto junio; instauramos los Premios San Juan; el tradicional Homenaje a la Bandera; el Ciclo “Páginas Coruñesas”; las Jornadas de Teatro, Música y Danza; el Homenaje a la Mujer Coruñesa; el Certamen de Danza de A Noite da Queima; las ofrendas del 23 de junio; la Comitiva del Fuego de San Juan; la Procesión de San Juan; el Ciclo “Notas y Hogueras”; etc.
A partir de 1992, cambiamos de escenario y de la plaza de Portugal, dónde llevábamos quemando nuestra Hoguera desde 1971, nos mudamos a la playa de Riazor, donde por aquel entonces no ardía ni una sola lumerada la noche de San Juan.
Fue desde ese instante, cuando aquella llama de nuestra Hoguera prendió en toda la ciudad y, año tras año, se fue incrementando la presencia en las playas de miles y miles de personas para entonar, al unísono, esa singular sinfonía en fuego mayor, que convierte a nuestro gran balcón atlántico en ese mágico espejo de plata, donde se refleja todo el fulgor del oro de los mil fuegos que reavivan los ensueños del alma y del corazón, como reza nuestro Himno, el “Meiga Mayor”, que hemos escuchado hace unos momentos.
Incluso, en 2009, iniciamos la campaña para solicitar que el día 24 de junio fuese declarado festivo, no con la pretensión de sustituir a otro de los que ya había, sino sirviendo, simplemente, de altavoz a una demanda ciudadana y para ello presentamos en el Registro Municipal más 20.000 firmas que avalaban esta petición.
Por lo tanto, nadie nos puede quitar el mérito de haber sido nosotros y, desde 2015, la Asociación de Meigas, los artífices indiscutibles del resurgir del San Juan coruñés, celebrando, alrededor de la mágica fecha del 24 de junio, casi 5.000 actos, de todo tipo, en estos cincuenta años.
Luego, poco a poco, vinieron los reconocimientos. En 2000, fiesta de Galicia de interés turístico; en 2003, Fiesta de Interés Turístico Nacional, y en 2015, Fiesta de Interés Turístico Internacional, todos ellos solicitados a instancias nuestras, además de otros que recibimos con mucho orgullo y honor.
Sin embargo, todo cambió a partir del 2015, un año triste y aciago para la historia de nuestra ciudad. Lo sucedido a partir de entonces es fácil de explicar, pero difícil de entender.
Desde ese instante, nos vimos relegados casi a la nada. No volvimos a FITUR a promocionar la fiesta; se perdieron todas las subvenciones municipales; nos echaron de nuestra noche de San Juan que, con tanto esfuerzo y sacrificio, habíamos logrado aupar a los puestos más destacados del ranquin festivo español; prohibieron la Cabalgata de San Juan; el paso de la comitiva del Fuego de San Juan; incluso que las Meigas, y de todo ello hay testimonio escrito, transitasen por la plaza de María Pita, como si de unas apestadas se tratase. Pero hay más, ni tan siquiera nos permitieron, desde 2016, quemar la Hoguera en la playa de Riazor, un derecho que tienen todos los coruñeses, menos las Meigas que fueron, precisamente, quienes la llevaron allí.
Incluso, para estar aquí esta tarde, en este teatro que es de todos los coruñeses, la Asociación de Meigas ha tenido que satisfacer al Ayuntamiento la nada desdeñable cantidad de más de 2.000 e., dándole el mismo tratamiento que a una empresa con ánimo de lucro y discriminándola con relación a otras Entidades coruñesas. ¡Vergonzoso!
Una vil canallada que no tiene otro calificativo posible y que retrata muy bien a quienes han firmado, desde el Ayuntamiento, estas prohibiciones a lo largo de los últimos cuatro años, los más oscuros de la historia reciente de La Coruña.
Pero, afortunadamente, no todo fue negativo y si algo permitió a la Asociación de Meigas mantener encendida su llama sanjuanera, fue gracias a la ayuda inquebrantable que durante estos años les prestaron otras Instituciones y Entidades, en especial la Xunta de Galicia a través de la Secretaría Xeral de Turismo; así como la inmensa mayoría del tejido socio-cultural de nuestra ciudad y diferentes firmas comerciales, algo que merece ser resaltado.
La noche de San Juan coruñesa que, junto con las Hogueras de Alicante, son las dos únicas citas sanjuaneras españolas que gozan del título de fiesta de interés turístico internacional, constituye, por si misma, un valor que debe estar permanentemente en alza.
La fiesta, debidamente programada, debe constituir un motor capaz de provocar que lleguen a la ciudad corrientes turísticas que generen riqueza. La difusión de las Hogueras a nivel, tanto nacional como internacional, debe convertirse en una prioridad para los nuevos gobernantes salidos de las elecciones de dentro de unos días. Hay que vender nuestro San Juan en todas partes, algo que lleva casi cuatro años sin hacerse.
Hay que conseguir que la ciudad entera se suma, durante tres días, en un ambiente de fiesta total por los cuatro costados, con espectáculos de primer nivel; potenciando los actos tradicionales que se venían celebrando esta noche desde 1970 y que provocaban que, familias enteras, se acercasen al Paseo Marítimo a ver como discurría la Cabalgata de San Juan o el alegre y estruendoso cabalgar de ese más de un centenar de motocicletas que acompañaban a la comitiva del Fuego de San Juan, en su recorrido por las calles; los airosos pasacalles que animaban la jornada o la magna sesión de fuegos que se quemaba cada año, teniendo a nuestro milenario Faro de Hércules como testigo de excepción, aunque ello supongo que esa noche las gaviotas se estresen, ya tendrán tiempo para calmar ese estrés en días sucesivos.
La Meiga Mayor y sus Meigas de Honor, se han ganado por tradición, por trabajo, por sacrificio, el derecho a encender la gran Hoguera de Riazor, algo que les han privado a lo largo de los últimos tres años y que estamos seguros recuperarán en este 2019. Todo esto es también memoria histórica.
Creo que transmito el sentimiento de la Asociación de Meigas al aseverar que cualquier partido de los que concurren a los comicios del próximo 26, salvo, claro está, el que actualmente malgobierna la ciudad, pueden contar con el apoyo de las Meigas para que nuestra Noite da Queima recupere el esplendor de otros tiempos.
Llévame contigo Meiga, maga amiga de mis sueños, a la noche aguamarina del San Juan de mis recuerdos.
Queda muy poco para la noche de San Juan. Los días se precipitarán veloces y los largos atardeceres primaverales nos harán soñar con esa mágica noche que ya se adivina próxima, casi a la vuelta de la esquina. Hay que aprestar los corazones para vivir con intensidad toda la magia que encierra la noche más corta del año, la de los grandes aconteceres.
Cerrad los ojos y abriendo solo los del corazón tenéis que ser capaces de vislumbrar los grandes prodigios que se ocultan entre los pliegues de esa noche sin par. Noche de mouras, de encantadas, de damas de San Juan, de nereidas y tritones asomados al mar de Riazor, de misteriosos encantamientos, de sortilegios, de viejos ritos a la luz del fuego purificador, de Meigas, de Meigas buenas y agarimosas como vosotras y que nadie se equivoque, mal empleando el dicho fácil de “meigas fora”, no sea que también espante a las buenas y eso puede resultarle fatal.
Querida Emma; queridas Eva, Karla, Ana, Mª Luz, Alba, Mª Sol, Alexandra y Belén, sois las depositarias de una hermosa tradición nacida hace cincuenta años, que logró que la noche de San Juan coruñesa, la más mágica del año, se perpetuase en el tiempo, alcanzado puestos de honor en el contexto de las fiestas españolas; sois herederas de las emocionadas lágrimas que se deslizaron suaves por los hermosos rostros juveniles de las Meigas que os precedieron al conjurar el mágico rito del fuego purificador, llegada la noche de San Juan; herederas de otras 800, mayores e infantiles, que antes que vosotras ocuparon esos sillones en los que ahora os sentáis y lucieron, con orgullo, esas Bandas, con los colores de España y Galicia, que cruzan vuestros pechos.
En vosotras, en vuestros corazones, late el sentimiento más puro del San Juan coruñés, de sus ancestrales tradiciones. No debéis olvidarlo nunca y este año, la noche del próximo 23 de junio, cuando paséis las calles de la ciudad, recordadlo y jamás olvidéis que Meiga se es una vez, pero se es para siempre.
Queridas niñas, en esa mágica noche que se avecina, la más poética de cuantas forman el ciclo anual, corred a los bosques a recoger las plantas y flores aromáticas, la Hierba Luisa, el fiuncho, las rosas silvestres, el trobisco, la Artemisa, el sabugueiro y ponerlas a macerar al rocío y así, en la mañana del día del Santo, lavaros la cara para poneros todavía más hermosas y radiantes; dejad bajo vuestra cama los siete cardos, sin florecer, si queréis adivinar el nombre del joven que os ama; saltar, en número impar de veces, el lume purificador de San Xoán para espantar los malos meigallos y, al amanecer, al rayar el día del Santo, buscad, en cualquier recóndita fuente, la flor del agua, maravilloso arcano capaz de sanaros de todos los males del alma y del cuerpo, incluso los males de amor.
Queridas Meigas, como viejo pirómano sanjuanero, os pido que pregonéis por todas las calles y plazas de la ciudad, acompañadas de atabales y clarines, que el San Juan se acerca; contagiad a La Coruña entera con vuestra ilusión, vuestra alegría, vuestra elegancia, vuestra sonrisa, hechizadla con vuestra magia. Que la fiesta comience y que las HOGUERAS 2019, las de las 50 Meigas en la historia, sean auténticamente inolvidables.
A todos, muchas gracias y feliz San Juan 2019.
¡Viva San Juan!, ¡viva La Coruña!
José Eugenio Fernández Barallobre.

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