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PREGÓN HOGUERAS-2016

PREGÓN HOGUERAS-2016

Autoridades, representaciones, representantes de la Asociación de Meigas de las Hogueras de San Juan, Meiga Mayor, Director y Miembros de la Fiesta del Aquelarre Poético, ballet Carmen y de Corales, miembros y colaboradores de la Comisión Organizadora.

Sras. y Sres.

Miñas donas e meus Sres.:

El fuego es un don de los dioses.  Un don maravilloso que Prometeo robó a los dioses para dárselo a los hombres. Prometeo, un humano de muchos bemoles, subió al Olimpo, robó el fuego del carro de Helios y se lo regaló a los hombres.  El fuego estuvo presente siempre en el corazón de los gallegos, y aquí, en Coruña es fiesta sonada y heroica. Son memoria melancólica las lareiras de las casas aldeanas, las historias mágicas contadas al amor de la lumbre, las familias campesinas que construyeron Galicia desde el esfuerzo y las privaciones. Ahora casi no quedan lareiras, y los incendios castigan trágicamente la hermosura del paisaje. El fuego está en nuestros sueños, en nuestro corazón. Es nuestro redentor de fracasos y ambiciones.

La política tiene sus fuegos e incendios, y más ahora que se repetirán elecciones. Los fuegos de la política son persistentes, destructores y atávicos. Son llamas de sorpassos, sondeos y encuestas electorales. Son instintos cainitas que, si se extreman, pueden destrozar la convivencia y violar la democracia.  A los políticos les arde el corazón y discurren cómo alcanzar el poder. Atizan la hoguera de los votos y escaños con promesas infladas y palabras altisonantes. Ofrecen paraísos y jardines floridos, edenes celestiales y siestas después de comer.  Como pregonero, recomiendo que vengan a esta hermosa ciudad de A Coruña a encender el fuego de la amistad, la fraternidad y el amor. Que se acerquen aquí para cultivar el rosal florido de la fraternidad porque las “Hogueras de San Juan” son fiesta, unión, diálogo y amor. Son la pasión del sueño y el sueño de la pasión.

El hombre siempre ha sentido una atávica admiración por el fuego, devoción por las llamas. Fueron estampa emocionante los lares campesinos de aldea, el pote colgado de la gramalleira, las brasas ardientes del lar, la leña crepitando, el humo oliendo a carballo, xesta, castiro o bidueiro. En torno a la lumbre se contaban historias de meigas y trasnos, de aparecidos y resucitados, de Santas Compañas que transitaban caminos y bosques. El fuego, en Galicia, es cosa sagrada. Todos los gallegos llevamos en las alforjas del alma, la rosa ardiente de la morriña, que es fuego infinito. Llama eterna.

En una ocasión se reunieron a cenar Álvaro Cunqueiro y José Maria Castroviejo, y conversaron sobre apariciones y Santas Compañas. Cunqueiro defendía que las vestimentas de los aparecidos eran moradas y Castroviejo que eran blancas. Después de mucho discutir llegaron a la conclusión de que si se bebía vino tinto las túnicas eran moradas, y si blanco eran albas.  Los pioneros coruñeses que inventaron las “Hogueras de San Juan”, tuvieron inspiración divina. Porque A Coruña no es una ciudad cualquiera: es el paraíso. Ya lo dijo Manuel Rivas, en versión inspirada: “É unha barca de pedra feita no obradoiro do mar”. “É una memoria emocional simbolizada no faro”.  Y así es. Coruña es la belleza en sí misma. Coruña es la ciudad meiga, cautivadora, con encanto, con alma. Aquí los dioses sestean en las playas, mientras los hombres y mujeres se miran en la Historia. La Torre de Hércules es luz heredada de los antiguos, destello del pasado heroico, vigía y centinela, defensa de la urbe, centinela perpetuo. O sea, un milagro heredado.  Es recibimiento y adiós. Acaso fue aquí, en A Coruña, donde el general romano Bruto sintió religioso temor cuando vio ocultarse el sol en las aguas del mar. Y Julio César navegó por todo el mar, hasta la coruñesa Brigantium, en el puerto de los Ártabros.

En Galicia las meigas siempre fueron leyenda. Aquí en A Coruña, ahora, son bellísimas muchachas que, presididas por la Meiga Mayor, en el Aquelarre Poético, dejan rosas y claveles por donde pisan. Son amor, juventud y belleza. Su gracia es fuego.  Su gentileza, milagro. Belén Ferreiro López, gentil Meiga Mayor 2016, colaboradora de Entidades sociales, como el Banco de Alimentos, es gentileza y belleza, y lo son sus compañeras. Son juventud y llama. Son Gracia y juventud. Qué casualidad que Belén se apellide Ferreiro, porque los ferreiros dominan el hierro con el fuego, lo domestican y lo hacen rosa ardiente como la pasión.

Fenómeno mágico, así mismo, fueron las luces fantasmagóricas que saltaban y brincaban sobre las orejas de las caballerías. Luces, fachas y resplandores, eran repetida mitología popular que llenaba la memoria de las gentes gallegas del medio rural. Aparecían luces en los camposantos, luces y resplandores que salían de las pilas de agua en las iglesias. Las tierras coruñesas siempre fueron abundantes en afamados sortilegios. A San Andrés de Teixido, paraje mágico,  “vai de morto o que non foi de vivo”. Las meigas gallegas se sentaban al calor del hogar, hacían calceta a la lumbre y gastaban bromas y perrerías. Las fachas, antorchas encendidas, anunciaban la muerte. El aullido lastimero de los perros venteaban la muerte. Estando yo platicando con la farmacéutica de mi Mosteiro natal, se detuvo un perro y aulló con acentos de infierno. Pregunté si había enfermo grave en el pueblo y me dijo la boticaria que sí, que estaba grave el barbero y aquella noche murió.

El fuego fue usado siempre como elemento purificador. La Inquisición quemaba a herejes y descreídos. Pero el fuego es amistad y amor y calor de hogar. A Jesús se le representa con un corazón que arde en su sagrado pecho. Los poetas románticos cantan la llama del amor, el fuego inextinguible de la pasión que une los corazones. El amor es fuego en tanto que pasión, hoguera eterna que deja los corazones preñados de amor.  Cuando murió el poeta Leiras Pulpeiro, médico y gran poeta de Mondoñedo, un correligionario se acercó una noche a su tumba en el cementerio para llevarle una gran noticia. Sobre la fría losa, alumbrándose con una candela,le susurró: “¡Leiriñas, chegou a República!”.  Los muertos también hacen política aunque no se presentan a las elecciones. En esta ciudad de A Coruña, inmortal y heroica, hay que decirle al mar que diga a los dioses que sigan amando esta ciudad con la emoción del amor, de la Historia y del milagro.

El fuego es sorpresivo y aventurero. Siendo yo Gobernador Civil de Zamora, todos los veranos el fuego asolaba pinares y lugares boscosos a lo largo y ancho de la frontera con Portugal. Una vez, el incendio, voraz y extendido, lo provocó un zorro con la cola que, escapando de las llamas, iba propagando el fuego a ambos lados de la frontera. El zorro, sin quererlo, ejercía diplomacia y política internacional.

Las “Hogueras de San Juan” de A Coruña son un milagro. Un eco de la Historia, un testimonio del pasado, una realidad mágica del presente. Son hermosa demostración de que el fuego une y acerca, regala amistad y entendimiento. Ahora que la política anda ofreciendo paraísos, el fuego de nuestros corazones puede liberarnos de la enemistad, de la confrontación tribal, de la batalla campal que la lucha política ofrece. Dijo Fields: “Yo nunca voto por alguien, siempre voto en contra”. También con coña marinera, escribió Will Rogers: “Yo no pertenezco a ningún partido político organizado. Soy demócrata”. O lo que señaló el presidente Bush: “Si andas como un pato, graznas como un pato y dices que eres un pato, es que eres un pato”. La política es amiga del fuego, con pato y sin pato. El pavo lo bordan los americanos en Navidad y en Galicia el lacón y el marisco, que son glorias nuestras todo el año. Sin olvidar las castañas asadas, gloria bendita, y los pescados y carnes al espeto.

Sras. y Sres. : el día 26 de junio tenemos elecciones generales. Como pregonero les invito a dulcificar la pasión partidista, a suavizar las diferencias sociales y políticas, a limar asperezas y a votar con amor. Dijo Lincoln que “una papeleta de voto es más fuerte que una bala de fusil”. Que el fuego de las “Hogueras de San Juan” purifique los ánimos y el futuro nos traiga esperanza y felicidad. A Coruña es un paraíso, un paisaje de amor, un mar de nostalgias, donde habita el fuego de los dioses. No nos dejemos arrebatar la antorcha de la amistad y la prosperidad. “Vivir na Coruña qué bonito é/ andar de parranda e dormir de pé”, dice el cantar y dice verdad. Yo, que soy de Lugo, soy coruñés. Tengo casa en Sada, y amo esta ciudad apretadamente y con pasión.

En Coruña está la Galicia más hermosa y próspera. En Coruña viven las Artes y las Letras, el desarrollo industrial y el trabajo, el comercio y el mar vital y heroico. Las mujeres coruñesas siempre fueron valor, belleza e inteligencia. Las representa, entre otras muchas, la heroica María Pita y la inspirada Emilia Pardo Bazán. Esta es tierra de ideas y proyectos trascendentes. Ahí está la Torre de Hércules que cuenta el pasado glorioso y sueña el futuro, como dije. El puerto, las doradas playas donde se bañan los dioses, las galerías, el buen yantar que enamora, la gentileza de las gentes. Si Coruña no es un paraíso, el paraíso no existe.

Porque viene de antiguo la vocación lúdica y heroica de los gallegos. El fuego aparece con frecuencia en las gestas y hechos heroicos. Dice Strabon que los galaicos “marchaban al combate entonando cantos y bailaban, batiendo las espadas en los escudos, haciendo sonar flautas y trompetas”. Con fuego y vinagre, rajaban las peñas de cuarzo y desviaban el curso de los ríos para lavarlas. El romano Bruto recorrió victorioso las orillas del Océano y desde ellas, con religioso temor, vio ocultarse el sol en el mar. El fuego en Galicia es una religión. En el monte Medulio, a orillas del Miño, los gallegos acordaron morir antes de entregarse. Se reunieron en un gran banquete, y unos se arrojaron al fuego de una inmensa hoguera, otros bebieron el jugo del tejo o se dieron muerte con sus espadas. La Torre de Hércules sigue vigilando eternamente el mar. Galicia es tierra de dioses y héroes, y Coruña, frente al mar, preside el futuro. Esta Fiesta, vital, ardorosa y lúdica de las “Hogueras de San Xoán” es el milagro recobrado de la ética y el amor que llevamos los gallegos en el corazón. Como Pregonero, emplazo, a propios y extraños, a tirios y troyanos, a que vengan a vivir este milagro. Este fuego que Prometeo robó a los dioses.

Vuestro fuego, coruñeses y coruñesas, compite con el sol ardiente, creador de la vida. ¡Vivan las “Hogueras de San Xoán!”, ¡Viva A Coruña!, ¡Vivan las coruñesas y coruñeses, el mar y el fuego, y el relámpago, que lleváis dentro del corazón!

José Ramón Ónega.

(leído el 19 de mayo de 2016 en el Teatro Rosalía de Castro)

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